“Queremos confirmar nuestro compromiso con la cultura y sus diferentes formas”

“Atentos a la relevancia del fragmento y las pequeñas historias, fortalecermos lazos que nos unen con otros pueblos, otras miradas, otras maneras”, sostuvo Antonio Arévalo, agregado de Cultura de Chile en Italia al introducir el seminario Monolith Controversies.

El arquitecto Pedro Alonso y el diseñador Hugo Palmarola, curadores del Pabellón de Chile que ganó el León de Plata en la versión 2014 de la Bienal de Arquitectura de Venecia, participaron como expositores en el seminario Monolith Controversies, que se desarrolló el 31 de julio como parte del programa del “Meeting on Architecture”, sección curada por el director Rem Koolhaas en la citada bienal.

Para los expositores, que fueron acompañados por los panelistas Adrian Forty y Verne Díaz, el seminario quiso poner en un mismo nivel la discusión académica sobre la prefabricación y la circulación de la modernidad arquitectónica durante la Guerra Fría y los testimonios de los ex trabajadores KPD, y quienes formaron parte de este programa de vivienda de la Unidad Popular y su posterior adaptación durante la dictadura.

La propuesta del pabellón chileno en la bienal consistió en un gran panel prefabricado de hormigón armado original, que fuera producido por la industria KPD, que fue donado por la Unión Soviética a Chile destinado al programa de vivienda social del gobierno de Salvador Allende y firmado simbólicamente por él en 1972.

Capítulo de solidaridad y conciencia

Antonio Arévalo, agregado cultural de Chile en Italia, comentó en la apertura del encuentro que “en 1973, un golpe militar cambiaría la historia de todos los chilenos. Muere Salvador Allende y se desata sobre el país un periodo de oscurantismo y represión. En 1974 la Bienal de Venecia cierra sus puertas en protesta y abre las calles y los canales, los círculos y los teatros para escribir magníficamente un capítulo de solidaridad y conciencia. Esa Bienal constituyo la primera y quizás más grande protesta cultural en contra de la dictadura chilena”.

Arévalo añadió que “es significativo entonces que, cuarenta años después, el envío chileno Monolith Controversies sea galardonado con el León de Plata. La historia, como dijo el Presidente Salvador Allende, la hacen los pueblos. Y es ese pueblo que esta vez nuevamente caminando por las grandes alamedas, el que nos ve hoy reunidos en esta mesa cuarenta años después, cerrando un ciclo”.

“Sin temor al equívoco podríamos decir que la historia, como escribiera en el catálogo la ministra de Cultura Claudia Barattini, no se encuentra en los libros doctos ni se puede escuchar solamente de la boca de sus protagonistas o los especialistas en esas materias. También se encuentra adherida a los muros prefabricados de una localidad cualquiera de la quinta región de Chile, que atestiguan todas las contradicciones de nuestra propia historia. Esta es la mirada con la que  enfrentamos la presente Bienal, atentos a la relevancia del fragmento y las pequeñas historias”, sostuvo.

“Como país”, continuó Arévalo, “queremos confirmar nuestro compromiso con la cultura y sus diferentes formas, así como fortalecer lazos que nos unen con otros pueblos, otras miradas, otras maneras. Este diálogo nos permitirá encontrar muchas respuestas a los nuevos desafíos que nos plantea la realidad”.

Durante el desarrollo del seminario se hizo hincapié en que la constante participación y la calidad de los enviós de arte y de arquitectura chilena en la Bienal de Venecia, sobre todo en los últimos quince años, han permitido que Chile haya obtenido una Mención de Honor, Juan Downey, (2001); un León de Plata al arquitecto Alejandro Aravena (2008); y un León de Plata (2014) a la exposición del pabellón chileno denominada “Monolith Controversies”, iniciativa liderada por el área de Arquitectura del Consejo de la Cultura, con una curatoría a cargo de Alonso y Palmarola.

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