«Villa»: una invitación a reflexionar sobre los derechos humanos a través del teatro

La historia protagonizada por las actrices Francisca Lewin, María Paz González y Macarena Zamudio, fue aplaudida por el público que asistió a la función en Rancagua.

El salón de O’Higgins de la Intendencia Regional, más allá de ser un espacio destinado a distintos tipos de actividades, se convirtió en un lugar de reflexión tras la presentación de la obra de teatro «Villa», de Guillermo Calderón, que dentro de su temática expone los sentimientos e inquietudes que se deslizan ante la remodelación que podría tener un centro de detención y tortura, como lo fue Villa Grimaldi.

Así lo dio a conocer la directora del Consejo de la Cultura de la Región de O’Higgins, María Verónica Atton Bustamante, quien agregó que lo que busca la entidad a través de la realización de este tipo de actividades es generar un espacio de meditación y diálogo, que va de la mano con los lineamientos entregados por el gobierno de la Presidente Michelle Bachelet, que trabaja en pos de mejorar los accesos de la ciudadanía al arte y la cultura.

Más de cien personas tuvieron la posibilidad de disfrutar de esta coproducción de la Fundación Teatro a Mil que deja sobre el escenario los sentimientos de tres mujeres que deben decidir qué futuro tendrá Villa Grimaldi: ¿Podrá convertirse en un museo de arte contemporáneo?, ¿Sería posible demoler todo y dejar solo un parque? o ¿Sería mejor dejarlo todo tal como está?

Ante todas estas interrogantes salen a la luz sentimientos de rabia, pena, dolor, esperanza e incluso desconcierto y desconfianza, sobre todo en el momento en que las tres deben votar por cuál parece ser la mejor opción, si un museo o un parque, A o B, y aparece de pronto una tercera alternativa que solo dice Marichiweu (diez veces venceremos, en mapudungun). ¿Quién fue la autora de ese sufragio?

Ahora bien, el por qué estas tres mujeres deben decidir sobre el futuro de la Villa Grimaldi, si son todas de izquierda y cuál es el factor común que las hace tener un vínculo indisoluble -que incluso ellas mismas desconocen- son aspectos que forman parte de la trama que se va desarrollando sobre el escenario, dejando en evidencia que “lo que pasó” en Villa Grimaldi finalmente “no ha pasado” porque continua siendo una herida abierta en la sociedad.

Una historia encarnada por las actrices Francisca Lewin, María Paz González y Macarena Zamudio, que fue aplaudida por el público, quien una vez finalizado el montaje pudo compartir sus propias experiencias o puntos de vista respecto de la obra, el golpe militar de 1973 y la dictadura de Augusto Pinochet.

Durante el conversatorio, el presidente de la comisión negociadora de la Agrupación de Ex Presos Políticos, David Quintana García, señaló que “entregamos todo lo que podíamos para crear un nuevo país, una nueva sociedad, fuimos avasallados por las balas y hoy día seguimos siendo torturados. Hace muy poco dejamos una huelga de hambre por 41 días que estuvimos en la Catedral, pidiendo dignidad, reparación y justicia. Nuestro sueño es lo que ustedes decían: tener la Villa para explicar y que nunca más en nuestra patria vuelva a gobernar el terror”.

Quintana argumentó que “lo que queremos es dejar una huella, no nos interesan grandes comodidades pero queremos dignidad, queremos morir con dignidad (…) vamos a seguir luchando y vamos a seguir buscando”.

A las actrices, David Quintana agradeció “la visión que tienen y entregan en su obra porque es algo completamente real y esto va a crear una conciencia que poquito a poco va a ser un grano de arena que va a lograr una gran tormenta. Nosotros sabemos que el pueblo está con nosotros y vamos a seguir luchando”, concluyó.

La actriz Macarena Zamudio sostuvo que esta obra precisamente llama a que “perdamos el medio a hablar, limpiemos y sanemos (las heridas) porque todo lo que pasó es el cimiento de lo que somos hoy, entonces, cómo vamos a estar parados sobre una mugre que está oculta, tapada, en el dolor que llevamos directa o indirectamente, pero que llevamos todos porque nos pertenece y es nuestra historia”.

La artista agregó que “es el momento de sanar (el pasado) y con la distancia de los años poder hablarlo. Yo creo que esta obra, en esa reflexión tan lúcida que hace -a mi parecer- el dramaturgo, de exponer estos distintos puntos de vista de manera de poder hablarlo y no de la afectación, si no que como un tema concreto, nos permite tomar distancia, conectar e iniciar el proceso (de reparación) que ha estado postergado. De lo contrario no podemos avanzar como sociedad, como país y como individuos”.

Verónica Atton manifestó estar gratamente sorprendida con la convocatoria, especialmente con la participación de jóvenes interesados en temas del país, porque es una buena señal ver que las nuevas generaciones no solo se interesan por el arte, la cultura y la historia, sino que además valoran contenido con el cual se organizan las actividades gratuitas para el público.

Al respecto, la directora regional del Consejo de la Cultura señaló que el público está respondiendo a una invitación a dialogar, a reflexionar y compartir puntos de vista divergentes y enriquecedores, porque la presentación de esta obra -en el contexto del 11 de septiembre- ha sido un hito y a partir de este hito se ha planteado un tema del cual el Consejo se hace cargo como parte de los programas que forman parte de la entidad.

De hecho, Verónica Atton destacó que esta actividad contó con la participación especial de Francia Jamett Pizarro, encargada de la Unidad de Memoria y Derechos Humanos del Departamento de Ciudadanía Cultural del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Respecto de la apreciación de la juventud en torno al tema de los derechos humanos, la actriz Francisca Lewin señaló que “nos informamos de lo que había pasado y de lo que había vivido mucha gente, pero la visión de esta obra, lo que pretendía poner en escena, era tratar de instalar el tema dentro de una generación joven, de 30, de nuestra generación, para mostrar lo que los mismos jóvenes dicen, que no es un tema pasado, que no solamente tienen que ver con las personas que estuvieron detenidas, sino que también involucra generaciones posteriores e incluso futuras”.

Agregó que “el acercamiento a los personajes tiene que ver más que nada con puntos de vista y sobre todo, como trabaja el director, de defender ideas políticas distintas, en este caso, qué hacer con un centro de detención, qué hacer con un lugar tan complejo y quién se hace cargo a nivel país”. Finalmente agregó que la idea era trabajar los personajes “desde nosotras, de nuestra generación, cómo hacer presente este tema presente y totalmente importante para todos”.

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