Falleció Lautaro Labbé, el artista que quiso sacar la escultura a la calle

A los 84 años falleció el artista, quien además fue director del Museo de Arte Contemporáneo hasta el golpe de Estado de 1973. “Siempre recomendaba que el arte tenía que ir de la mano con la sociedad”, recordaron sus cercanos, mientras los especialistas lamentaron la poca visibilidad de su trabajo.

 

Radio Universidad de Chile.- Producto de infecciones múltiples falleció en la madrugada del lunes el escultor Lautaro Labbé, nacido el 5 de enero de 1930 en Pitrufquén.

El artista sufría de Parkinson hace años y estaba postrado hace seis meses. La semana pasada fue internado en el Hospital San José y los últimos días los pasó en la casa de Independencia que compartía con su mujer, Raquel Benítez, desde 1977.

“Fue un proceso natural”, dijo su hija, Magdalena Labbé, quien agregó que él quería morir en su casa y los primeros días revivió, tiraba chistes y estaba contento de estar de vuelta, pero después volvió a caer”.

La también artista relató que, a pesar de un principio de demencia senil, Lautaro Labbé continuó hasta el final intentando transmitir una de sus principales convicciones: “Siempre estaba hablando de socializar el arte”, señaló.

“Siempre me recomendaba que debía ser así, me legaba todos sus ideales, hablando de que el arte tenía que ir de la mano con la sociedad, que no podía estar desligado ni encerrado en las galerías, sino ser participativo. Él lo hizo a través de su escultura colectiva y creo que fue su gran orgullo, siempre transmitía eso”, afirmó.

Lautaro Labbé ingresó en 1947 a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, pero luego de un semestre la abandonó para iniciar una carrera autodidacta, mientras se desempeñaba en oficios variados para mantenerse.

Volvió como ayudante de Carlos Ortúzar a la misma facultad, donde luego fue profesor de Tecnología del Arte, mientras hacía también el Taller de Materiales Plásticos en la Escuela de Diseño Industrial de la sede Valparaíso. Llegó a integrar el Consejo Normativo de la Escuela y en 1972 asumió la dirección del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), que entonces se encontraba en la Quinta Normal. Ahí permaneció hasta el golpe de Estado.

Días después del 11 de septiembre, Lautaro Labbé llegó a escondidas al edificio y comprobó por sí mismo que la muestra No al fascismo, no a la guerra civil había sido destruida por los militares, pero que se había salvado la exposición del Museo de la Solidaridad, que contenía obras donadas por artistas de todo el mundo al Gobierno de Salvador Allende.

“Su gestión consistió en una apertura del museo en el mismo sentido de la escultura: a amplios sectores sociales”, recordó Francisco Brugnoli, actual director del MAC. “El museo se convierte en un centro de vecinos y sindicatos que estaban en Quinta Normal y tiene una actividad fuerte y permanente. No es una actividad populista; ahí se hacía cine de calidad y las exposiciones eran de alta jerarquía”, aseguró.

Luego, su trabajo perdió visibilidad. En 1980 ganó un concurso del Banco de Concepción con una escultura cinética que se instalaría en el Paseo Huérfanos, casi con Bandera. Se movería con el viento y chorros de agua, pero por razones políticas nunca fue instalada y Lautaro Labbé tuvo que acudir a tribunales para que le pagaran los 10 mil dólares que le debían por el premio. Esa experiencia está también en Una vida (memorias de un fracasado), la autobiografía que presentó en 2011 y en la que se califica a sí mismo como “Magíster en Fracasología Existencial”.

A pesar de esa falta de reconocimiento, se mantuvo trabajando en poblaciones como La Victoria y San Gregorio y desde los ’80 desarrolló esculturas colectivas en Santiago, Vallenar, Concepción, Lota y Coronel, además del extranjero.

Su trabajo recién fue recuperado desde el año pasado, cuando el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA) le dedicó una retrospectiva, a la que se sumó otra muestra inaugurada en julio de este año en el MAC.

“Desde mi perspectiva, no como especialista, creo que el tema del Golpe fue traumático para muchos y Lautaro no tenía una gran posición a nivel de arte. No tenía grupo, entonces tuvo que dar una pelea distinta a la que dieron, por ejemplo, muchos otros que se fueron al exilio”, dijo Claudia Zaldívar, directora del MSSA. “Tuvo que esconderse mucho tiempo y se metió en un circuito como alternativo. Ahí hubo una producción de obra importante de su parte, pero una falta de visibilidad en lo que eran los circuitos de exhibición de ese minuto”, añadió.

 

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