Mayo
Conciertos 19, 20 y 22
POMAIRE
Martes 19 mayo, 19.00 horas
Gimnasio Techado de Pomaire
(Roberto Bravo 422)
LAS CONDES
Miércoles 20 mayo, 19.30 horas
Parroquia Nuestra Señora del Rosario
(Pdte. Riesco 6430, Las Condes)
ÑUÑOA
Viernes 22 mayo, 19.30 horas
Teatro California
(Irarrázaval 1564)
Felix Mendelssohn: La gruta del Fingal
Franz Schubert: Rosamunde – Ballet n°2
Adriana Figueroa Mañas: Tango Essence
Franz Schubert: Sinfonía n° 2
Solista: Andrea Yurcic, fagot (Argentina)
Directora invitada: Cecilia Castagneto (Argentina/Alemania)
Felix Mendelssohn (1809-1847)
Obertura La gruta del Fingal (Las Hébridas), Op. 26
Inspirada en un viaje a Escocia realizado por el compositor en 1829, esta obertura es una de las primeras y más logradas obras del «paisajismo musical» romántico. Mendelssohn visitó la isla de Staffa y quedó sobrecogido por la imponente cueva de basalto conocida como la Gruta de Fingal y por el ensordecedor choque de las olas. El tema principal, que el compositor esbozó en una carta a su familia el mismo día de su visita, captura el constante fluir del mar y la inmensidad del paisaje escocés. A diferencia de una obertura tradicional que antecede a una ópera, esta es una pieza de concierto independiente que utiliza el color de los instrumentos de viento y las cuerdas para crear una atmósfera de misterio y majestuosidad natural.
Franz Schubert (1797-1828)
Música incidental para Rosamunde – Ballet n° 2 en Sol mayor, D. 797
En 1823, Schubert recibió el encargo de componer la música incidental para Rosamunde, princesa de Chipre, una obra teatral de la escritora Helmina von Chézy. Aunque la pieza dramática fue un rotundo fracaso y desapareció de las tablas tras solo dos funciones, la partitura de Schubert sobrevivió gracias a su genialidad melódica.
El Ballet n° 2, escrito en un tempo de Andantino, es una de las páginas más queridas y difundidas del catálogo schubertiano. A diferencia de la agitación de otras secciones de la obra, este ballet destaca por su gracia pastoral, su delicadeza en el fraseo de las cuerdas y un lirismo transparente que evoca una atmósfera de ensueño y danza idealizada, convirtiéndose en una obra maestra de la miniatura orquestal del romanticismo.
Adriana Figueroa Mañas (1966)
Tango Essence, para fagot y orquesta de cuerdas. Solista: Andrea Yurcic
La compositora argentina Adriana Figueroa Mañas destaca por su habilidad para integrar las raíces populares de la música urbana del Río de la Plata con la sofisticación de la música de cámara académica. En Tango Essence, la Orquesta de Cámara de Chile acompaña al fagot, un instrumento de viento madera que tradicionalmente se asocia con el repertorio clásico europeo o con roles humorísticos en la orquesta. Aquí, la solista Andrea Yurcic explora una faceta completamente distinta del instrumento: su registro medio y grave se adapta a la perfección a la melancolía, el fraseo «arrabalero» y la rítmica sincopada del tango, ofreciendo una sonoridad profunda y cautivadora que dialoga intensamente con el ensamble de cuerdas.
Franz Schubert (1797-1828)
Sinfonía N° 2 en si bemol mayor, D. 125
I. Largo – Allegro vivace
II. Andante
III. Menuetto (Allegro vivace)
IV. Presto
Compuesta entre 1814 y 1815, cuando Schubert tenía apenas 17 años, la Sinfonía N° 2 es un testimonio de su precocidad y de la ebullición creativa de su juventud. Aunque en la estructura de la obra se percibe la evidente influencia de sus grandes predecesores, Mozart y Beethoven, el genio melódico inconfundible de Schubert ya domina la partitura.
En aquel entonces, el joven compositor se desempeñaba como asistente de maestro en la escuela de su padre, un trabajo que detestaba, pero que compensaba con una fertilidad musical asombrosa. Esta sinfonía fue escrita para la orquesta del Stadtkonvikt (el seminario imperial donde Schubert había estudiado), un ensamble de estudiantes y músicos aficionados que el propio Schubert había liderado como primer violín.
La sinfonía abre con una introducción lenta (Largo) de carácter solemne y acordes densos que preparan el escenario con una gravedad casi beethoveniana. Esta tensión se rompe súbitamente con la entrada del Allegro vivace. Este tema principal es impulsado por una figura de semicorcheas en los violines que parece no tener fin. Es un movimiento de perpetuo movimiento, lleno de exuberancia juvenil, donde el compositor demuestra su dominio de la forma sonata, llevando la energía rítmica a un clímax deslumbrante.
En marcado contraste con el frenesí del primer movimiento, el Andante (escrito en la tonalidad de Mi bemol mayor) es el único movimiento en forma de «tema y variaciones» que Schubert compuso para una sinfonía. El tema inicial es una melodía sencilla, casi ingenua, de carácter camerístico. A lo largo de las cinco variaciones, Schubert juega magistralmente con el color orquestal, otorgando pasajes solistas de gran belleza a las maderas (flauta, oboe y clarinete) y oscureciendo temporalmente el clima en la cuarta variación (en tono menor), antes de regresar a la serenidad inicial.
Aunque lleva el nombre de minueto (la clásica danza cortesana del siglo XVIII), su espíritu es completamente distinto. Escrito inusualmente en Do menor (una tonalidad tormentosa en relación con el Si bemol mayor del resto de la obra), este movimiento tiene la fuerza ruda, los acentos fuera de tiempo y la velocidad de un verdadero Scherzo beethoveniano. El dramatismo de esta sección se alivia en el Trio central, donde los vientos introducen una melodía de aire folclórico y campestre.
El final es un asombroso galope rítmico. Construido sobre un compás de 2/4, exige a los músicos un virtuosismo implacable. Schubert mezcla elementos de la forma sonata y el rondó, creando una carrera vertiginosa que recuerda a la obertura de Las criaturas de Prometeo de Beethoven, pero impregnada de la urgencia melódica schubertiana. La obra concluye con una explosión de energía afirmativa y triunfal.