Orquesta de Cámara de Chile

Conciertos

La Orquesta de Cámara de Chile es un elenco artístico estable perteneciente al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que cumple con la función social de dar acceso a expresiones musicales de excelencia a toda la comunidad, a través de conciertos con acceso liberado en todo el territorio.

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Conciertos Semana Santa

 

Providencia
Martes 31 marzo, 19.30 h
Parroquia Sagrado Corazón de Jesús
Av. El Bosque 822

Las Condes
Miércoles 1 abril, 19.30 h
Parroquia Nsa. Sra. del Rosario
Av. Pdte Riesco 6430

Ñuñoa
Jueves 2 abril, 19.30 h
Teatro California
Av. Irarrázaval 1564

Director titular: Emmanuel Siffert
Director Coro Estudiantes UC: Felipe Ramos

Felix Mendelssohn (1809–1847)
Coral: «Sagrada cabeza herida»

Solista: Rodrigo Quinteros (barítono)

La figura de Mendelssohn es inseparable de la de Johann Sebastian Bach. Tras liderar el reestreno de la Pasión según San Mateo en 1829, Mendelssohn compuso una serie de cantatas corales que rinden homenaje al Cantor de Leipzig.

El coral «O Haupt voll Blut und Wunden» utiliza el texto de Paul Gerhardt, un pilar de la fe luterana.

  • En el Coro inicial, Mendelssohn presenta la melodía del himno con una armonización que, aunque respeta la sobriedad barroca, introduce colores románticos en las voces internas.

  • El Aria, de un lirismo delicado, actúa como una meditación privada sobre el sacrificio físico.

  • El Coro final no es solo una conclusión musical, sino una declaración de fe: la voz colectiva se eleva en una homofonía clara, recordándonos que para Mendelssohn la música antigua era un lenguaje vivo capaz de consolar al hombre moderno.

 

Robert Schumann (1810–1856)
Cuadros de cuentos de hadas – versión orquestal (estreno en Chile)

Compuestas en marzo de 1851, las Märchenbilder (Op. 113), representan la faceta más poética y enigmática de Schumann. A diferencia de otras obras narrativas, estos «cuadros» no intentan ilustrar un cuento específico, sino evocar estados de ánimo puramente románticos.

Originalmente escritas para viola y piano, su transposición a la orquesta —que presentamos hoy como estreno nacional— permite explorar las texturas sombrías y cálidas que Schumann imaginó. La obra se divide en cuatro movimientos: el primero y el cuarto son elegíacos y de una introspección conmovedora (especialmente el final, una «canción de cuna» de despedida), mientras que los movimientos centrales ofrecen el vigor rítmico de los caballeros andantes y la agitación de los duendes. La orquestación subraya la naturaleza fantástica del título, convirtiendo cada miniatura en un lienzo sonoro de gran profundidad emocional.

Alfonso Leng (1884–1974)
Andante para cuerdas

Considerado el «padre del modernismo lírico» en Chile, Alfonso Leng no fue un músico de oficio, sino un odontólogo cuya vida creativa estuvo marcada por una profunda introspección. El Andante para cuerdas, desgajado de su Sinfonía n.º 1 (1912), es quizás la obra más emblemática de la literatura sinfónica nacional.

Musicalmente, la pieza se construye sobre una densa textura de cuerdas que respira a través de un cromatismo heredado del Tristán e Isolda de Wagner. No hay aquí heroísmo, sino una melancolía estática. Las líneas melódicas se entrelazan en un flujo continuo de tensiones y distensiones que parecen buscar una resolución que nunca llega del todo, encapsulando ese «dolor universal» que caracteriza la estética de Leng.

Henri Rabaud (1873–1949)
Égloga, poema virgiliano para orquesta (estreno en Chile)

Discípulo de Massenet y Fauré, Henri Rabaud fue un guardián de la tradición francesa. Su Égloga, inspirada en las bucólicas de Virgilio, es una obra de un refinamiento extremo. Mientras en 1920 Europa experimentaba con el atonalismo, Rabaud volvía su mirada a la antigüedad clásica.

La obra es un ejercicio de luz y transparencia. La orquestación es diáfana, con un protagonismo exquisito de las maderas que evocan el sonido de las flautas de pan en los campos romanos. Es una música contemplativa que no busca el conflicto, sino la belleza pura de la línea melódica, ofreciendo un refugio de paz y equilibrio clásico en medio de la agitación del siglo XX.

Este poema sinfónico para orquesta, fue publicado alrededor de 1899, se describe como un ensayo sobre la «suave y soleada calidez de un verano polvoriento», evocando una atmósfera serena, destaca por su carácter tranquilo, que contrasta con el tono oscuro y místico, famoso en la obra de Rabaud. Es una obra del romanticismo tardío que refleja una escena pastoral e idílica.

 

Arthur Honegger (1892–1955)
Cántico de Pascua (H. 18)

Solistas:
Pilar Garrido (soprano)
Andrea Aguilar (soprano)
Valeria Vega (mezzosoprano)

Como ciudadano suizo formado en Francia, Honegger poseía una estructura mental germánica aplicada a un colorismo francés. Su Cantique de Pâques (1922) es una joya de la música sacra moderna. La obra se divide en secciones que narran el paso de la desolación a la alegría.

Honegger utiliza disonancias controladas para representar la angustia de las mujeres ante la tumba vacía, para luego dar paso a un final de una luminosidad radiante. La escritura vocal es exigente, moviéndose entre el estatismo del canto llano y una polifonía vibrante que celebra la vida. Es una obra de una honestidad brutal, despojada de adornos innecesarios.

La obra coral fue compuesta entre 1918 y 1922. Se caracteriza por su sereno y luminoso carácter, que contrasta con el estilo más agresivo presente en algunas de sus primeras obras.

 

Aloÿs Fornerod (1890–1965)
Te Deum para coro y orquesta (estreno en Chile)

Pilar Garrido (soprano)
Valeria Vega (mezzosoprano)
Ricardo Uribe (tenor)
Diego Delpiano (barítono)

El cierre del programa nos trae la obra del suizo Aloÿs Fornerod, compositor cuya música es raramente escuchada fuera de Europa. Su Te Deum es una obra de madurez que sintetiza la tradición gregoriana con un lenguaje armónico que recuerda al primer Messiaen o a Duruflé.

A diferencia de los Te Deum monumentales de Berlioz o Bruckner, el de Fornerod posee una cualidad casi mística y austera, que va creciendo en una arquitectura sonora impresionante. La orquesta no solo acompaña, sino que comenta y expande el texto litúrgico de alabanza. Este estreno en Chile marca un hito en la recuperación de un repertorio que une la fe con la vanguardia moderada.

La cantata sacra compuesta en 1954 para coro mixto a cuatro voces (SATB). Considerada una obra que despliega majestuosidad musical y una atmósfera solemne, destaca por su singular fusión de la tradición literaria renacentista y la liturgia paleocristiana. A diferencia de las versiones estándar del himno latino, Fornerod utiliza un texto del poeta renacentista francés Pierre de Ronsard. La elección de Fornerod por el texto de Ronsard, sitúa su obra en un linaje específico del Te Deum, que históricamente ha servido como himno de acción de gracias. La pieza tuvo una destacada presencia en programas de mediados de la década de 1950, incluyendo una presentación en Besançon en febrero de 1956.