Repertorio interpretado en el Teatro del Centro Cultural de Lampa y en el Teatro California de Ñuñoa
Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791)
Allegro del Divertimento nº 3 en Si bemol mayor, KV 439b
Los cinco divertimentos que conforman el catálogo KV 439b fueron escritos, entre 1783 y 1785, en Viena, para una formación inusual de tres cornos di bassetto, un instrumento cercano del clarinete con un timbre más oscuro y profundo. En la práctica moderna, es sumamente común escucharlos interpretados por dos clarinetes y un fagot, una combinación que preserva la agilidad y el equilibrio de registros que Mozart buscaba.
El primer movimiento, Allegro, es una miniatura de forma sonata que destaca por su economía de medios. No hay una sola nota de relleno, los instrumentos entablan un diálogo democrático donde el fagot no se limita al acompañamiento, sino que participa activamente en el desarrollo temático. Es música de «entretenimiento» en el sentido más elevado del término, reflejando la maestría de Mozart para crear belleza pura bajo una apariencia de sencillez.
Luis Campusano Berrios (n. 1970)
«Fragmentos» para orquesta de vientos y percusión (Estreno)
Luis Campusano integra la OCCh desde 2008, como segunda trompeta, junto a otras colaboraciones con diversos ensambles musicales de la capital, la realización de clases y talleres a lo largo del país, y una promisoria carrera como compositor.
De acuerdo a lo que señala su propio autor: «Fragmentos, es una obra escrita especialmente para los vientos y percusión de la Orquesta de Cámara de Chile. En ella usted podrá encontrar diferentes ritmos y melodías envueltas en agógicas que brinda expresividad, emoción y fraseo a la interpretación. El tejido melódico alienta la presencia y carácter de los instrumentos de viento, junto con construir un dulce mensaje armónico. Casi al término nos encontraremos con una cadenza en los timbales, escrito en memoria de nuestro querido colega Miguel Zárate (fallecido en abril del 2025)».
Este estreno representa un aporte significativo al repertorio nacional para ensambles de vientos.

Johann Franz Xaver Sterkel (1750–1817)
Obertura en Do para vientos, contrabajo y percusión
Sterkel fue un sacerdote y músico alemán que gozó de gran prestigio en su época; incluso el joven Beethoven viajó para escucharlo tocar el piano. Su música para vientos pertenece a la tradición de la Harmoniemusik, agrupaciones que animaban las cortes europeas a finales del siglo XVIII.
Esta Obertura en Do mayor es una pieza de gran brillo y arquitectura sólida. El uso del contrabajo proporciona un cimiento armónico más robusto que el de los tríos de cámara, permitiendo que las maderas y los metales proyecten un sonido más cercano al de la sinfonía. La percusión añade un carácter marcial y festivo, típico de las obras diseñadas para ser interpretadas al aire libre o en grandes salones de recepción.
Edward Elgar (1857–1934)
Elegía para cuerdas, Op. 58
Escrita en 1909, la Elegía es una de las joyas más íntimas del catálogo del músico inglés. Fue compuesta a petición del Gremio de Músicos de Londres para conmemorar a sus miembros fallecidos, especialmente a su amigo cercano, el reverendo Robert Haddon.
A diferencia del optimismo de sus marchas Pomp and Circumstance, aquí Elgar despliega una melancolía noble. La obra comienza con un suspiro en las cuerdas que se desarrolla en un tejido contrapuntístico denso. No es una expresión de desesperación, sino de resignación y respeto. La tonalidad y el uso de las dinámicas en pianissimo exigen de la orquesta de cuerdas un control absoluto del arco para mantener la tensión emocional durante sus breves cinco minutos de duración.
Pyotr Ilyich Tchaikovsky (1840–1893)
Serenata para cuerdas en Do mayor, Op. 48 – II. Vals
Tchaikovsky compuso su Serenata para cuerdas en 1880, declarando que la obra era un homenaje a su ídolo, Mozart. Sin embargo, el segundo movimiento, el famoso Vals, es quintaesencia del romanticismo ruso.
Este movimiento es un prodigio de la escritura para cuerdas. Tchaikovsky logra que la orquesta suene como un solo instrumento gigante, con una fluidez que imita el movimiento de los bailarines de ballet. La melodía principal, elegante y ligeramente nostálgica, se eleva sobre un acompañamiento de pizzicatos y ritmos ternarios que han convertido a esta pieza en una de las más queridas y reconocibles del repertorio universal. Es, en palabras del propio compositor, «música que brota del corazón».
Georg Philipp Telemann (1681–1767)
Suite «Don Quijote» TWV 55:G10
Telemann fue quizás el compositor más prolífico del Barroco, y su Suite Don Quijote es uno de los primeros y mejores ejemplos de música programática, (partituras escritas para ilustrar una historia). A través de una serie de danzas, Telemann retrata episodios clave de la novela de Cervantes:
La Obertura: Presenta el carácter del caballero. con su sección rítmica lenta y punteada que contrasta con un animado allegro.
El despertar del Quijote: Con una mezcla de nobleza y confusión, el despertar del Quijote está representado en un minué, danza cortesana de origen francés.
El ataque a los molinos de viento: La música imita el movimiento de las aspas y la posterior caída estrepitosa del hidalgo caballero.
Los suspiros de amor por Dulcinea: Una melodía tierna que roza lo cómico por su exceso de sentimentalismo.
El manteo de Sancho Panza: Momento cómico de la suite, donde Sancho es castigado por no pagar su alojamiento en la posada.
El galope de Sancho Panza y el de Rocinante: Telemann diferencia rítmicamente el trote pesado del burro de Sancho frente al galope desgarbado del caballo de Quijote.
Los sueños del Quijote. Fin de la suite, con los sueños del hidalgo caballero por nuevas aventuras.