Repertorio interpretado en los conciertos en Providencia, Quinta Normal y Ñuñoa, bajo la conducción de la directora venezolana Elisa Vegas y la solista Marisol Infante, integrante de Fila de primeros violines de la OCCh.
Luis Morales Bance (1945)
Danzas y Vigilias
El compositor y violinista venezolano Luis Morales Bance es una figura clave en la creación contemporánea de su país. Danzas y Vigilias es una obra que ejemplifica su capacidad para amalgamar la tradición académica con giros rítmicos y melódicos propios de la identidad latinoamericana. En esta pieza, la Orquesta de Cámara de Chile explora texturas que transitan entre el dinamismo de la danza y la introspección de la vigilia, en un lenguaje que utiliza el contrapunto para crear una narrativa vibrante y sofisticada. Su inclusión en este programa cobra especial relevancia bajo la batuta de su compatriota, la maestra Elisa Vegas.
Ralph Vaughan Williams (1872–1958)
El ascenso de la alondra
Inspirada en el poema homónimo de George Meredith, esta «romanza» para violín y orquesta es una de las obras más queridas del repertorio británico. Escrita originalmente en 1914, la obra captura el vuelo de una alondra sobre la campiña inglesa. El violín solista, interpretado en esta ocasión por la integrante de la OCCh Marisol Infante, no solo imita el canto del ave, sino que simboliza una libertad lírica absoluta a través de cadencias que parecen suspenderse en el tiempo. La orquesta proporciona un soporte etéreo, creando una atmósfera de serenidad pastoral que exige una delicadeza interpretativa excepcional.
Joseph Haydn (1732–1809)
Sinfonía n° 104 en Re mayor, «Londres»
I. Adagio – Allegro
II. Andante
III. Menuetto
IV. Spiritoso
Compuesta en 1795 durante su segunda y última visita a Inglaterra, esta obra no solo cierra el ciclo de sus célebres doce «Sinfonías de Londres», sino que es la última sinfonía que Joseph Haydn escribiría en su vida. Es considerada la cumbre absoluta de su producción orquestal, una obra donde el «padre de la sinfonía» vuelca toda la sabiduría técnica, la profundidad expresiva y el agudo sentido del humor que cultivó durante décadas. Escrita para una orquesta inusualmente grande para los estándares de la época, la obra fue un rotundo éxito desde su estreno en el King’s Theatre.
La obra inicia con un solemne e imponente llamado de atención en re menor, una introducción dramática protagonizada por bronces y timbales que establece un tono casi trágico. Sin embargo, esta tensión se disipa mágicamente al irrumpir el Allegro, un movimiento brillante en re mayor. Aquí, Haydn demuestra su genialidad mediante el «monotematismo»: todo el movimiento se construye y desarrolla a partir de un único tema principal, modificándolo e invirtiéndolo con una imaginación inagotable.
El segundo movimiento, en sol mayor, es una lección de elegancia clásica. Se trata de un tema con variaciones de carácter lírico e íntimo. Destacan las intervenciones solistas de las maderas (especialmente la flauta y el oboe) y los sorpresivos contrastes emocionales, con pasajes en tono menor que aportan una inesperada gravedad y hondura emocional a la aparente tranquilidad de la pieza.
Lejos del refinado baile cortesano francés, este minueto tiene un carácter terrenal, vigoroso y casi rústico, marcado por acentos rítmicos desplazados que obligan al oyente a mantenerse alerta. La sección central, el Trio, ofrece un contraste suave y fluido con hermosos diálogos en la sección de cuerdas y maderas.
El broche de oro de la sinfonía es una explosión de júbilo. Comienza con una nota larga y sostenida en los violonchelos y cornos que imita el zumbido rústico de una gaita. Sobre este sonido, los violines presentan una melodía ágil y pegadiza. Los historiadores debaten si este tema proviene de una canción folclórica croata que Haydn escuchó en su juventud («Oj, Jelena») o de un popular pregón callejero londinense. Independiente de su origen, el compositor toma esta melodía sencilla y construye un desarrollo contrapuntístico deslumbrante y lleno de fuego, llevando a la orquesta completa hacia un final brillante y victorioso.


