Tres nuevas localidades de Los Ríos vivieron residencias artísticas colaborativas

  • Durante tres meses seguidos, artistas y colectivos artísticos se instalaron en Huichaco en Máfil, Isla del Rey en Corral y Pichico en Lago Ranco, para levantar proyectos culturales con pertinencia en cada una de las comunidades.

Dando cumplimiento al programa de la Presidenta Michelle Bachelet, a partir del 2015 el programa Red Cultura del Consejo de la Cultura implementó el programa de Residencias Artísticas, iniciativa que permite que artistas o colectivos se instalen en localidades pequeñas, retiradas y con problemas de acceso a bienes culturales.

Durante tres meses seguidos los artistas realizan sus actividades formando redes de trabajo, articulando prácticas colaborativas entre la comunidad, juntas de vecinos y organizaciones o iniciativas comunitarias, o con grupos sociales específicos de la comunidad. Estas relaciones se establecen para trabajar un proyecto común que problematiza realidades específicas de las comunidades y sus territorios, para motivar su empoderamiento.

En el primer año de implementación en Los Ríos, los habitantes de Isla Huapi y Pichirropulli y en el segundo año de Puquiñe, Ustaritz y Llancacura, vivieron experiencias que les permitieron descubrir elementos de su propia identidad, fortaleciendo la idea de pertenencia a su comunidad y la valoración de su historia y cultura local, con la mediación de un artista residente. El 2017 la cobertura alcanzó a las localidades de Huichaco en Máfil, Isla del Rey en Corral y Pichico en Lago Ranco.

El Colectivo 4Elementos fue el encargado de realizar la residencia en Pichico, donde intercambiaron experiencias con la comunidad y cultores locales en espacios de encuentro artístico y cultural, para generar vínculos y realizar traspaso de saberes. Una de sus acciones más relevantes fue el trabajo con los niños, con quienes compartieron lenguajes artísticos mediante la experimentación en las áreas de teatro, música y literatura infantil, conectándolos con la percepción que tienen de la comunidad que habitan a través de sus creaciones.

Eugenia Mella, profesora de la escuela rural Estrella Solitaria, destacó la experiencia, algo que incluso ha difundido entre sus pares. “Los niños y apoderados quedaron muy contentos. Creo que se le dio un plus a la comunidad, sentimos que revivió con todo esto. Las actividades fueron muy pedagógicas, lo que nos dejó aprendizajes inolvidables. Nos gustaría que esto no terminara, que no se corte el hilo. Fueron tres meses de aprendizaje y de trabajar juntos. Esta experiencia la presenté dentro de la Red de Microcentros y todos se preguntaban cómo llegaron a mi escuela. Creo que fuimos privilegiados como comunidad y lo que aprendimos lo vamos a replicar el próximo año”, señala.

En el caso de Isla del Rey, la residencia estuvo a cargo del Colectivo Desbordes y su proyecto “Lo privado y lo público: performance itinerante”. La propuesta apostó por promover la participación de la comunidad en instancias artísticas y culturales basadas en acontecimientos performáticos, que instalaran el lenguaje del arte contemporáneo como posibilidad de encuentro y reflexión en torno a las temáticas relevantes para los diferentes sectores de la comunidad, esto a través de actividades vinculadas a la danza contemporánea y las artes audiovisuales, entre otras.

En Huichaco la residente fue la diseñadora y artista Sofía Dannemann, oriunda de Valparaíso, quien estuvo acompañada por los artistas invitados Pía Bonnet, Simón Arancibia, José Pemjean, Mónica Álvarez y Ana Karina Pizarro. Durante su estadía, en colaboración directa con la comunidad, instaló un laboratorio cultural en una de las salas de la escuela rural, con la idea de crear un espacio abierto que potencie tanto la investigación y preservación de los saberes del campo, como la creación e investigación artística, el que, a partir de la residencia y a solicitud de la propia comunidad, adquirió el carácter de permanente.

Las actividades en Huichaco también incluyeron el rescate del saber popular del campo a través de un fanzine, el que estuvo acompañado por el registro audiovisual del proceso de investigación. En directa vinculación con la agrupación San Sebastián, la comunidad participó de instancias de creación colectiva en base a las materialidades del campo, tales como la lana y la madera.

Patricia Sánchez, manipuladora de alimentos de la escuela y participante de la comunidad, afirma que la experiencia les dejó varias enseñanzas. “Lo que más destaco es que esto haya llegado a una localidad tan rural, a 25 kilómetros de Máfil. Esta residencia fue algo soñado, se recopiló la historia y pudimos ver el valor de muchas cosas que teniéndolas tan cerca, pensábamos que eran desechables. Una de las enseñanzas que nos deja es que en comunidad todo se puede compartir, porque aquí hubo organizaciones campesinas, estudiantes, que junto con nosotros estuvimos en talleres, grandes y chicos. Fue bonito esto porque nosotros no nos habíamos organizado de esta manera”, dice. Sobre la nueva sala habilitada por la propia comunidad, destaca: “Es un sueño que teníamos hace muchos años. Anhelábamos tener un espacio para toda la comunidad”.

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